En un encuentro televisivo conducido por Juan Luengo, el director Ashton presentó su ópera prima, una obra que trasciende la pantalla para denunciar la realidad de la salud mental y el rechazo familiar en el colectivo.
La televisión suele ser un escaparate de ficción, pero en ocasiones se convierte en un espejo incómodo de la realidad. Esto fue lo que ocurrió en la reciente emisión del programa de Juan Luengo, donde se presentó en primicia un cortometraje autobiográfico dirigido por Ashton. Acompañado por los actores Santi y Lucía, y por Isabel, representante de la asociación Espacio Diverso, el debate derivó rápidamente de la promoción artística a una cruda radiografía social sobre la salud mental, el colectivo LGTBIQ+ y la respuesta del entorno familiar e institucional.
La realidad detrás del guion
Ashton, director y guionista, no ocultó la naturaleza de su obra: «Es un cortometraje autobiográfico». Lejos de ser una pesadilla ficticia, la trama narra una «época muy oscura» de su vida, una experiencia que, según aseguró, es «extrapolable a muchísimas personas». La idea nació en un momento de vulnerabilidad, escuchando música que marcaba esa banda sonora vital, decidiendo plasmar el dolor no para huir de él, sino para confrontarlo.
La obra no busca ofrecer una salida de fantasía, sino mostrar el estancamiento. Como explicó Ashton, la intención es doble: que quien sufra sepa que no está solo, pero también advertir a quienes rodean a la persona vulnerable de que «minimizar o ignorar los problemas no los soluciona». El dolor, advirtió, «se enquista y al final sale por donde debe».
El fallo del primer círculo de confianza
Uno de los puntos más álgidos del debate fue el papel de la familia. Isabel, desde su experiencia en Espacio Diverso, aportó un dato escalofriante: el 70% de las personas que atienden presentan problemáticas similares a las del corto. «No es una pesadilla de Ashton, es la realidad que hemos visto en la asociación», sentenció.
Santi, quien interpreta al padre en el corto, confesó la dificultad de actuar un papel tan pasivo. «El padre es muy pasivo y siempre se tiene que poner del lado de la madre… Yo no sería tan pasivo, evidentemente», comentó. Esta dinámica refleja una realidad común: padres que, por miedo o desconocimiento, niegan el problema. Isabel subrayó que el «primer golpe» y el más devastador suele venir del rechazo familiar, especialmente en menores que dependen económicamente de sus tutores.
La conclusión del grupo fue clara: a veces es necesario «saltarse el primer círculo». Si la familia no escucha, hay que acudir a profesionales ajenos que no juzguen el pasado, aunque el acceso a la salud mental no siempre sea fácil ni equitativo.
Crítica al sistema sanitario y educativo
La conversación no ahorró críticas a las instituciones. Santi compartió una anécdota personal brutal sobre su experiencia con el sistema sanitario: llegando a urgencias con dificultad para respirar y líquido en el pulmón, un médico se rió de él y le diagnosticó una «leve faringitis». «Lo mínimo que esperas es que te crean», reflexionó el actor. Lucía añadió que, lamentablemente, muchos profesionales actúan con la misma negación que los padres del corto, especialmente con personas trans o con problemas de salud mental.
Aunque Isabel recordó la aprobación por unanimidad de la Ley LGTBIQ en Castilla-La Mancha en mayo de 2022, que establece protocolos en sanidad, educación y justicia, los invitados coincidieron en que la norma no siempre se aplica correctamente en la práctica.
El debate aterrizó finalmente en la educación. Los participantes reclamaron una educación sexual y de género real en las escuelas, libre de politicización. «Si no hablamos de sexo en las escuelas, nos llevamos las manos a la cabeza luego», argumentó Juan Luengo. Se destacó la necesidad de que estos temas sean tratados por expertos (sexólogos, psicólogos) y no se conviertan en un tabú político, comparando la situación con otros países europeos donde la educación sexual está normalizada desde hace décadas.
Un llamamiento a hablar
A pesar de la dureza de los temas tratados, el mensaje final fue de esperanza y acción. «Se tiene que hablar», fue la frase que resonó durante toda la entrevista. Ashton y su equipo buscan que el cortometraje sirva como herramienta de concienciación.
Como concluyó Isabel, la maravilla de la humanidad es la diversidad, y «por expresar nuestro género o nuestra sexualidad no tenemos por qué ser rechazados». El corto de Ashton llega a la televisión no solo como una obra de arte, sino como un grito de auxilio y una invitación a que, si el primer círculo falla, la sociedad en su conjunto aprenda a escuchar antes de que sea demasiado tarde.