Hoy día 12 de diciembre por la mañana hemos asesinado un bebé de seis meses en la calle Toledo. Digo “hemos asesinado” porque ahora no me vengas con responsabilidad política, esto es una responsabilidad social, cívica, de nosotros mismos como personas, como humanos. Hoy hay muerto un ser humano, de seis meses.
No tenemos sangre en las manos pues nos la lavamos antes de comer y después los dientes. No podemos dormir tranquilos, o al menos el que tenga un poco de vergüenza. No traigas hoy tu propia lucha de clases, de sexo, religión o pertenencia, hoy no. Hoy has dejado morir un bebé, a doce días de su primera Navidad.
No espero responsabilidad política, espero respuesta social: no al abandono, no funcionan las leyes, y eso es culpa nuestra. Porque de ambos lados van a salir a condenar, a señalarse, a escupirse mierda de un lado a otro, por encima de un ataúd con tamaño caja de zapatos. Me das igual si vienes a reivindicar un mundo digno, mientras te indignas por lo que hay dentro de esa caja de zapatos. No quiero discursos que ya hemos oído, protocolos ininteligibles, policía reducida a un folleto llamado legislación.
Antorchas. No soy madre, no soy padre, pero hoy muchas madres y padres deberían encender antorchas e iluminar esta ciudad. No llamo a la violencia, cuidado, llamo al grito, llamo a la cordura. Esto no puede pasar en una ciudad como esta, con la buena gente que somos.
No entiendo, y no me vas a hacer entender, que hay sistemas que no se entienden, que no se aplican y que no hacen nada de nada. Y tampoco voy a entender que sea un accidente, que sea un descuido, que sea una estadística a final de un Excel.
No, no y no. Conmigo no contéis para estas mierdas. Si puedo hacer algo, lo que necesitéis, pero no me andes con pijeces de palabritas técnicas. Hoy ha pasado lo que ha pasado, hemos asesinado un bebé por no cuidarlo, por no haber estado ahí, lo quieran o no lo quieran. Si hay personas que no pueden cuidar de un bebé, la sociedad lo cuida, lo hacemos a diario, nunca vamos a decir no a un bebé, nunca lo dejaríamos morir; por ende, lo hemos matado.
Y ya te dije, hoy tus luchas son sangre en tus manos. Lo que más importa es la vida, y para mí, las más pequeñas, indefensas, frágiles y virtuosas importan más que las tonterías, impertinencias y gilipolleces que puedas graznar ahora.
La leyes se pueden escribir, la justicia no se puede describir.