En un país donde puedes unir Gijón y Almería con una cadena de tractores, resulta que no tenemos ni idea de cuidar el campo.
No es la primera vez que el campo sufre por cuenta de unos pocos que no tienen ni idea, la idea de erradicar la plaga de conejos en los 70s de un médico francés al que condecoraron con una medalla. Pero el ultimo mas reciente todavía tendríamos que acordarnos, el desastre de los restos de animales.
Por costumbre los restos de animales muertos o sacrificados eran dejados en el campo para que las aves carroñeras se alimentarán. Animales muertos por vejez o sacrificados para las típicas matanzas, no estamos hablando de carnicas alimentarias, hablo de una vaca, un caballo o los restos de un cordero que se habían comido, o los restos de un ciervo que es cazado. Las tripas, algunas pieles, algunos restos y los huesos eran dejados para las aves como los buitres.
Entonces de Europa, nos mandan una normativa que en principio se fue cumpliendo pero que terminó con unas especies de contenedores donde se depositaban los restos que antes comentaba. Estos contenedores estaban en los principios de algunos caminos rurales que dan a las fincas en el campo. Una vez que se iba cumpliendo la normativa, que de primeras aquí en España levanta la voz de los dueños de campos, no hablo de explotaciones ganaderas ni cárnicas, hablo de tu abuelo o abuela, el campo no esta a nombre de grandes empresas, la mayoría del territorio es de particulares, y esto fue de frente contra ellos, el tener ahora que encargarte de una vaca muerta a varios kilómetros del contenedor, donde no entraba una vaca. Todo un lio, bajo amenazas de multas y sanciones.
Pero todo fue a peor, los contenedores eran una fiesta para animales nocturnos y todo un espectáculo para los olores de putrefacción, por tanto un foco de infecciones animales. Aunque la gota que colmó el vaso fue la bajada de población del buitre leonado y el negro, el milano real, además del alimoche y del quebrantahuesos que eran los que terminaban el trabajo del todo.
Entonces a todo esto se le suma que llega la crisis de las vacas locas, da como resultado un total desastre ambiental, con ataques de buitres al ganado vivo, con un descenso importante de la población de buitres, una constante ida y venida de las administraciones para gestionar, unos contenedores que con foco de enfermedades y muerte por las continuas luchas por la comida.
Después del desastre, a ciegas se escucha al agricultor, a la abuela y la abuela del campo, digo a ciegas porque como de costumbre no se mira a la cara y de quienes han perjudicado. Pusieron las pruebas sobre la mesa y todo empezó a cambiar, se delimitaron zonas para estos restos animales y se establecieron los modulares para los restos y todo empezó a volver a la normalidad. La población de buitres, alimoches, quebrantahuesos y el milano se recuperaron.
Entonces es lo que pasa, los que mandan no tienen ni idea de lo que hacen, sobre el papel, en un videojuego quizás sirva, pero sus aplicaciones a la vida real fallan. El consejo de agricultura debería estar formado por agricultores, el mismo ministro de agricultura debería ser un agricultor, los asesores deberían agricultores. Para matizar, me refiero a agricultor como la persona que viviendo del campo, ya sea ganaderia, cultivo e incluso caza, es quienes saben del campo, valorar el conocimiento de generaciones, porque en la lumbre del campo se habla del campo, los mayores enseñan a los pequeños los leyes del campo y de la naturaleza. Que generación tras generación se arma de la mejor tecnología y de conocimiento. Cada vez las herramientas y los resultados son mejores pero seguimos dejando el campo en manos de personas que su idea de irse de campo, es irse de camping.