Grupo Metropolitana Ciudad Real
Siempre hemos tenido claro en Grupo Metropolitana que los equipos de Ciudad Real, de cualquier disciplina, merecen tener su espacio en nuestros canales. Y si alguno no está, no es por falta de oferta, es porque no quiere estar.
La postura de este grupo ha sido siempre diáfana: ofrecemos correr con todos los gastos de emisión, de equipos técnicos y de publicación en las distintas plataformas que gestionamos. Nos encargamos de la infraestructura, de la tecnología y del alcance. Solo pedimos una cosa: contenido. Y lo pedimos porque Grupo Metropolitana sabe de retransmitir, sabe de medios, pero no sabe de deportes. Menos aún cuando se trata de la idiosincrasia de un club concreto. Ese conocimiento lo tiene el club, y esa es su parte del trato.
Además, nos ofrecimos para que los patrocinadores de los equipos no tuvieran que pagar nada por la retransmisión de su marca a través de nuestra televisión, radio y prensa. Es una oportunidad única de visibilidad sin coste añadido para las empresas que apuestan por lo local.
La verdad incómoda
Repito, y lo hago a sabiendas de las molestias que pueda causar: el que no está, es porque no quiere. Y esto suele obedecer a otros intereses comerciales, intereses que se alejan de su propio público. Parece que prefieren el dinero a la difusión.
Y no hablo de beneficios económicos para el club, porque a menudo la «mordida» se la quedan los intermediarios. Si no es así, si alguien se siente aludido y cree que miento, aquí tiene un micrófono y una cámara para venir a aclararlo. Pero no se atreven a enfrentarse a un medio libre. Libre de verdad. No dependo de ayudas públicas, ni de sus patrocinadores. Por eso no se atreven al debate público contra una persona que no tiene nada en juego en este tema más que la verdad.
Para resumir: a nosotros no nos da de comer el deporte. Pero hay otros que comen de los deportistas, de su afición y del mismo deporte como institución.
Justicia, no bondad
Hace años que ofrecí las instalaciones del grupo para difundir el mensaje del deporte sano y la sana competición. Hoy, aquí y ahora, uno de ellos ha venido a pedir lo que no doy.
Los que me conocen saben lo que valoro la lealtad. No hablo ni siquiera de compromiso, eso queda atrás. Hablo de lealtad al entorno, a las ideas, a los valores, a uno mismo. Si no te quedan más escrúpulos que poner en alquiler, entonces no creo en ti. Y si me conoces más, sabrás que no soy buena persona, soy justo.
Y la justicia no es buena, es lo que es. A veces te beneficia y otras no. En la aplicación de que no soy buena persona, no tengo reparo en el enfrentamiento, en el cara a cara. Pocos se meten donde yo me he metido, menos se han encerrado donde yo me he encerrado y casi nadie se ha enfrentado a lo que yo me enfrenté. Mis valores son más que pilares de mi vida; son una forma de vivir. Si no soy buena persona, haré lo que sea contra lo peor que haya. Las buenas personas realmente cuidan, aman y abrazan. Yo ya te he dicho que soy de los que se mete, se encierra y se enfrenta.
El trasbordo y la memoria
Con este escrito voy a enseñarte por dónde paseo y hasta dónde iría si me pides que te acompañe. Pero con esta puesta en posición, ya que te he dado contexto, te voy a contar lo que ocurre: cierta persona de cierto equipo ha abandonado el barco. En este caso, está intentando hacer un trasbordo, pidiendo apoyos donde solo debería haber coherencia.
A todos los que estén leyendo este escrito: aquí se viene respetando desde casa. Si no respetas tu casa, no vas a respetar la mía.
Y repito, donde la lealtad acaba empieza la miseria. Solo somos leña para el tiempo y en la historia solo seremos cenizas. Aquello que hagamos en vida serán sus memorias, la eternidad serán tus ideas.
En Grupo Metropolitana seguimos aquí, puertas abiertas para el que entienda que el deporte es algo más que un negocio, y que la lealtad es el único contrato que no se firma, se cumple.