En una conversación distendida en el Royal City Night Club, Juan Luengo reunió a los músicos Klaber y Dj C, Cucaracha para los entendidos, para hablar sin filtros sobre el estado de la música urbana y el papel de las redes sociales en el éxito artístico.
El diálogo arrancó con la eterna discusión sobre las etiquetas: ¿rap o música urbana? Klaber explicó que muchos puristas del rap rechazan su estilo por introducir melodías y entonaciones, pero defendió la libertad creativa frente a los prejuicios. Ramón, por su parte, se reivindicó desde el punk, recordando cómo en su generación existía un respeto mutuo entre géneros reivindicativos como el rock, el rap y el punk, unidos por la crítica social y no por la competencia interna.
La charla también abordó el presente: un panorama musical donde la accesibilidad tecnológica —desde la inteligencia artificial hasta las plataformas digitales— ha facilitado publicar música en minutos, pero también ha disparado la competencia y las rivalidades. Se habló de plagios, del registro de derechos de autor y de la facilidad con que algunos copian nombres o estilos para aprovecharse del trabajo ajeno. “El problema es que el panorama está lleno de vagos que solo buscan contenido rápido”, denunciaba Klaber.
La conversación derivó en cómo las redes sociales han transformado el éxito artístico. Antes, vender discos era la medida del reconocimiento; hoy, un vídeo viral en TikTok puede catapultar a un desconocido. Sin embargo, los músicos coincidieron en que la visibilidad no siempre equivale a talento real. “Si no estás en el algoritmo, no existes”, afirmaron, aunque también reconocieron que promocionarse se ha convertido en un arte paralelo al de hacer música.
Entre anécdotas sobre polémicas en el rap —desde batallas ficticias hasta nombres provocadores como “Violadores del Verso”— surgió una reflexión más amplia: la música siempre ha sido política, porque rap, rock y punk nacieron como movimientos contra el poder. Pero, como señalaron, la saturación de artistas y la lógica de las redes han diluido en parte ese espíritu, sustituyendo la lucha de ideas por una lucha de egos. Ramón y Klaber.
El debate cerró con una certeza compartida: en un mundo donde cualquiera puede subir un tema en diez minutos, lo único que permanece como diferencial es el talento verdadero, ese que, con o sin algoritmos, tarde o temprano encuentra su camino, pero antes con redes.
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